Relato porno

Una larga y caliente ducha ayuda a cualquier hombre o mujer a olvidar sus problemas. El recorrido de la agua caliente por tu cuerpo te relaja y destensa los nudos de cualquier espalda y te relaja mucho, olvidando tus problemas del dia. Cuando salía, se secaba con suavidad con una pequeña toalla y se ponia una crema hidratante del centro comercial hasta que su piel quedaba brillante e hidtratada.

Yo lo conocía desde hace tiempo, porque él es una de las personas con las que es muy facil hablar y te cuenta todo, desde sus más profundos secretos hasta los de sus mejores amigos. Le dije que no sabía que es lo que debería hacer, que no lo tenía nada claro y más después de contarme como fueron sus “vacaciones”, no quería mentirle. El para disuadirme me dijo que así me presentaría a una buena amiga de su madre, que él decía que ya se había follado.

“¿Puedo entrar?”

Yo estaba muy cabreado, pero no queria quitar la sonrisa de mi cara le respondí:

“No debería dejar que entrases, ya que llevo días intentando de hablar contigo y no me contestas ni has venido a verme y además……”

Me quedo un poco aturada sin continuar placticando a la vez que el entra y ceierra la puerta, y entonces él me contesta:

“¿Y ademas…qué?, ¿Qué quieres contarme?”

Yo me quede parada y sin contestar, me acerque a el. Que bien entro mi lengua en su boca, el la movía con mucha suavidad, como si eso lo hiciera desde hace años. Yo tenía mis manos en su culo y el las suyas acariciandome las nalgas. Se giró un poco y me dijo que teniamos que empezar a follar rápido, que lo mismo no teníamos mucho tiempo. Yo la dije que siempre hacia honor a mi palabra, por lo que le saque la polla de los pantalos y comencé a chuparla.

Me quitó por completo mi camisa, dejando mis ricas tetas de muy gran tamaño, desafiantes atrapadas en un sostén de color negro. Le terminé de bajar por completo los pantalones, dejando su polla totalmente al aire, así se la podía chupar mejor mientras le acariciaba los cojones. Me puse de pie y el me empezó a acariciar los pechos sin dejar de besarme los pezones y para ir bajando poco a poco, hasta sentir sus finos y humedos labios vaginales, sintiendo mis espasmos al sentir una mano diferente de la de su hombre acariciando su coño.

Sonreí y le cogí de su mano y me lo llevé a mi cama, la cual está enfrente de la de Maria, lo tumbé en la cama y me dirigí a cerrar la puerta, pero Manuel tira de mi y me mete en la cama, y se pone debajo de las sabanas, para comerme el coño hasta que me corra.